miércoles, 24 de febrero de 2010

EL CÓDIGO DE ÉTICA JUDICIAL

Hace poco más de dos años publiqué, en un suplemento judicial, un artículo sobre el mismo organismo, titulado "Un intento de feudalismo la justicia", y en donde decía, en ajustada síntesis, que el código era bueno, pero la no recepción de los abogados, y entiéndase abogados comunes, por los magistrados, expuestos en esa ley, tornaba a los abogados en general, en no auxiliares de la justicia como fija el Código de Organización Judicial y los propios Códigos de forma, sino en meros gestores, carentes de toda investidura ante el juez y el cliente.

Oportunamente, la labor del Consejo de Ética Judicial se tornó seria, veraz, responsable, y amén de ello el Código de Ética, tuvo en el 2007 una modificación en que hacía accesible a los abogados de nuevo a los magistrados en su despacho, vigorizando la labor de los juristas.

Actualmente el Consejo de Ética Judicial se halla carente de apoyo de la propia Corte Suprema de Justicia, el posible viaje diplomático de su aún actual director, el Dr. Esteban Armando Kriskovich, responsable, honesto, severo, si hace falta como Catón, en próxima cabeza faltante, y renunciantes distinguidos nombres del Consejo, que se hallan de hecho en nómina incompleta. El propio director del organismo lo denunció por prensa oral, escrita y televisiva sin temor, como tiene que ser el que encabeza un órgano de justicia. Su eventual viaje como embajador ante la Santa Sede lo jerarquiza a él, mejorará las relaciones con el Estado y cuerpo jurídico y espiritual, que representa a la amplia mayoría de nuestra población, y aun un Estado, como el Vaticano, que tiene 170 embajadores residentes, cuando el nuestro solo tiene 20 o 25. El Dr. Kriskovich hará una buena labor, y una obra más especializada en Derecho Canónico, pero su falta hará tambalear el edificio que citamos como título. ¿Quién podrá reemplazarlo?, ¿le dará nuevo director la Corte?, y, de ser así, ¿quién será?

Al mismo tiempo, quiénes llenarán los eventuales cargos vacantes de su Consejo Consultivo o es todo un tránsito al infinito, ahora que la institución consultiva tiene mandato vencido.

Cabe señalar que el Código Ético fue elaborado por magistrados, juristas y técnicos extranjeros del más alto nivel, producto de lo cual fue brindar un elemento escrito, corto, breve, pero bien específico.

Sin embargo, muchos de estos códigos se amoldan a códigos modelos extranjeros de alto vuelo, provenientes de relevantes organismos, pero su aplicación debe pensarse adecuándose progresivamente a los valores que adornan a la sociedad paraguaya, sea esta la común, los magistrados, los funcionarios, el hombre público y el privado.

Es tan difícil establecer en esta República qué es público y qué es privado, hasta dónde llega el derecho a la privacidad y a la información. Hasta qué punto el medio ambiente, la opinión pública que se forma, no se ajusta a un déficit de criterio cultural, al que estamos lejos de llegar, para llamarnos una República. Jurídicamente lo somos, pero culturalmente no lo entendemos así. El Derecho, La Ética, la Moral, la Equidad, son valores tan altos, que ni aún en Europa han podido llegar a su conceptualización plena. En nuestro país es deseo no ignorado que muchos quieren volverse señores feudales, donde 6 millones de paraguayos, algunos con capacidad y otros sin ella, son jueces murmurantes de virtudes, defectos y conductas de terceros.

Deseo firmemente que el Tribunal de Ética Judicial subsista, que lo integren recios varones, que su director consultivo sea un hombre tan responsable como lo es el actual. Qué satisfacción me darían que sus juzgamientos sean tenidos como el derecho más voluntario, pero el más rico: el Moral. Está por encima de las leyes que son a veces justas o injustas. Solo deseo que la capacidad de la Corte dé luces para permitir permanecer a este organismo judicial y que le dé más facultades. Que sus directores y hombres integrantes sean caballeros en su vivir y en su pensamiento, pero tenemos que tener en cuenta que nuestra formación, aún de maestros, intelectuales o juristas, responde a los vacíos de ese hecho que a veces nos aqueja a todos, la a-cultura y la formación informe o autoritaria.

Qué el Código de Ética permanezca, se adecue a los tiempos y que sea respetado y su Tribunal bien integrado, y que sus miembros juzguen con sana equidad. De hecho son pequeños Dioses terrenales.

Y que alguna vez el Código de Ética del Colegio de Abogados, creado hace unos 60 años por el notable jurista Dr. Raimundo Paniagua, se use en el Colegío citado, entre sus miembros y socios, y que se enseñe en las facultades, como Ética o Deontología. También los abogados (y escribanos, rematadores oficiales de justicia, procuradores, etc.), necesitan analizar para que la justicia sea eso, más humana, justa, equitativa y moral.


Fuente: Última Hora 24/02/2010